No eres tú mismo… Eres los datos que los demás tienen de ti.
Soy un poco como mi abuela Catalina («Kate» para los íntimos dada su procedencia croata). Me gusta tener bolsas con cosas, cosas que no sé para qué puedo necesitar alguna vez, pero que ahí están, esperando a ser utilizadas, como por ejemplo un mazo de cartas a los que le falta el As de corazones, pero conservo porque tienen los lomos absolutamente hermosos, en color verde y dorado, haciendo juego con el tapizado del único sillón que pude rescatar de unos buenos años de bonanza económica.
Con mis computadoras me pasa lo mismo. Soy una especie de acumulador compulsivo. No sé para qué, pero tengo guardada una memoria RAM de 256Mb, producto de cuando intenté expandir una vieja computadora, comprada y pagada una verdadera fortuna, para poder conectarme con más capacidad de procesamiento a Internet, allá por 2006. Sobre este punto, solo diré que Brutus necesitaba de mayor capacidad de procesamiento para los datos que debía procesar, relacionados con la seguridad de mi propia –por entonces- compañía, dedicada a proveer de alojamiento para sitios web, por un módico precio. Necesitaba saber que tan segura era la información que debería almacenar de mis clientes, y aprendí alguna que otra cosa relacionada con la seguridad informática. Además, necesitaba castigar a un “cliente infiel”, a lo que dediqué muchas horas de trabajo y muchas energías, que luego tuvieron que ser puestas a disposición de otro problema mucho más urgente.
Digo «mis computadoras» porque, contando las que se me rompieron, las que se me fundieron, y las que ahora poseo, deben ser cerca de 20. Si a eso sumo las que utilicé en algún ocasional trabajo, podríamos hablar tranquilamente de unas 50 o 60 computadoras a lo largo de mi vida, y seguro me quedaría corto, muy corto en realidad. Lo mismo pasa con la información con la que voluntariamente alimento a esta gigantesca “red” de información (a veces sin quererlo y a veces totalmente conciente de ello).
Guardo datos como si fueran cosas materiales, en los contenedores más inverosímiles, aguardando algún uso. Esos datos son, habitualmente cosas que escribo –y ahora publico con cierta asiduidad- y datos que surgen de esos datos, llamados “metadatos”. Esto sería algo así como –para que el lector se de una idea- guardar los datos de los datos, para, en algún momento, hacer algo con ellos. No importa si decidí guardarlos o no, estos datos de los datos siempre estarán allí, en algún lado, y como no los utilizaré ahora mismo, los puedo “guardar”, porque como soy “vivo” –“piola” en lenguaje porteño- tengo gran capacidad de almacenamiento entre mis discos duros, mis pendrives, mi tarjeta de memoria del celular, etc., cosas que, probablemente, algún día sean de utilidad, o no. Pero los guardo porque los puedo guardar.
Tengo capacidad de almacenamiento. Y si se me agota, o necesito compartirla con alguien porque es lo propio de mi trabajo, puedo contar con el almacenamiento de datos en la nube. GDrive (de la empresa Google), Dropbox (vaya a saber uno de quién), etc. Me dan espacio gratuito de almacenamiento, y me prometen que mis datos serán solo míos y de quienes yo designe mediante “compartir archivos”.
¿Para qué?
De alguna forma, existe un «yo» digital, completamente separado de tu «yo» personal de carne y hueso. Curiosamente ambos se parecen mucho, al punto de tener casi casi la misma imagen o foto. Una porción de él está en los seteos de la tarjeta SIM de tu smartphone, otro en la tarjeta de memoria, otro la tablet, muchos más en la o las computadora de tu trabajo, y otros desde la o los dispositivos de acceso a la red que está en tu casa.
Aunque, definitivamente, no son el mismo, sino que cada uno de ellos es una parte de tu “yo” digital. Todos juntos, es decir, los aparatos mencionados, más las comunicaciones que tienes durante el día, todo ello puede ser puesto en un solo archivo con tu nombre, y luego procesarse para obtener un resultado plausible, el que, por supuesto, debe servir para algo.
Tu otro yo, es el de carne y hueso, el analógico.
En el caso de mis dos 2 “yo”, uno de ellos vive su vida a través de una pantalla de computadora durante unas 9 horas al día. Se dedica a clasificar información no sensible relativa a la industria del poker. El otro, como vive solo y no tiene otra cosa que hacer, lo hace durante 6 horas (sí, en su casa también está prendido a la computadora y se la pasa on line casi todo el tiempo), y a demás durante un total de 16 horas diarias los fines de semana y feriados (como hoy, por ejemplo)
Si tienes solo un poco de pericia en materia informática podrás obtener sin grandes esfuerzos la fecha exacta de la última modificación de este archivo, y si eres un poco más que competente, el día y hora de la creación del primer documento guardado con este nombre. El hecho es que tú, que sólo estás leyendo esto por curiosidad, puedas saber exactamente cuándo –y seguramente donde- estoy sentado escribiendo, en este momento, sin disfrutar de muchos conocimientos informáticos, te dará una idea de lo que estoy intentando explicarte.
Esto significa que, de alguna forma, quien está leyendo esto a través de un dispositivo conectado a la red, como yo, construimos un «yo» digital día a día, yo lo hago escribiendo esto en este momento, y tú lo haces dejando la marca, en algún lado, de que lo has leído. Este yo digital es más logrado, más acabado, si se quiere, porque aunque sea inconcientemente, es un mundo en el que hoy por hoy trabajas más horas, y en el que pasas más tiempo –por lejos-
Hoy tu vida, salvo por el hecho del mantenimiento de tu cuerpo físico, es on-line.
Luego lo explicaré en detalle.
Tengo un yo digital, al igual que cualquier persona del mundo, pero el mío anda por estas tierras digitales desde hace mucho tiempo. Un poco más de lo que me gustaría reconocer.
De alguna forma, al haber sido como fui, o mejor dicho, como soy -porque no pienso ir a ninguna parte- estoy familiarizado con cierto tipo de información “sensible” que no es la gran cosa, si se quiere, pero que, definitivamente no todo el mundo conoce. Se dice que en el año 2004 solo el 3% de la población de los Estados Unidos de América, sabía de la existencia de la NSA o Agencia de Seguridad Nacional.
Dicha Agencia gubernamental, que cuenta con autorización presidencial para “hacer” aún sin el acuerdo formal por escrito del presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, en casos de crisis, posee, desde 1954 centenares de equipos dedicados a la recolección pasiva de datos de extranjeros, y por añadidura de toda persona residente dentro del territorio de ese país que tenga algún tipo de relación digital con otra persona residente en tierras foráneas. Los datos obtenidos, como interceptación de mensajes de texto, correos electrónicos, y chats, producto de esa recolección pasiva de datos, al principio se podían utilizar solo con autorización de organismo competente a tal efecto, y con la debida justificación basada en pruebas a, este caso, el Poder Judicial. Luego del 11 de septiembre, a través de la Patriotic Act, ya no se necesitaría de dicha autorización para su utilización, si la NSA suponía que podía haber alguna relación entre la comunicación “detectada” y alguna actividad ilícita del tipo internacional, y que tenga como blanco a los EEUU, el director de la NSA podía echar mano a esos datos sin previo consentimiento.
Luego pudo hacerlo el subdirector de dicho organismo.
La primera vez que alimenté ese sistema con información, fue el día en que nací, y se anotó mi nacimiento en el registro civil que, supongo, ya por los años 80’s se comenzó a digitalizar. Luego lo alimentaría con más frecuencia durante mi paso por la escuela, y luego, al intentar ganarme el sustento diario programando una base de datos para una publicación del rubro de la indumentaria. Allí aprendí a manejar la información y a hacerla a mi antojo, claro que para usos comerciales.
Mientras existiese un dato, yo tenía que saber qué hacer con él.
Información:
Cada vez que abres tu celular, o tu cuenta de correo electrónico, cada vez que llamas a tu mujer, o a tu amante luego de llamar a tu mujer, o al banco para quejarte porque te descontaron un importe de tu tarjeta de crédito o débito, cada vez que sales a la calle, o vuelves de ella, hay un artefacto electrónico que sabe qué estás haciendo y en el momento en el que lo estás haciendo.
Desde no hace mucho tiempo, incluso se puede saber casi exactamente tu ubicación actual, si es que no dispones del dinero necesario para costearte tu teléfono celular. Utilizas el Sistema Único de Boleto Electrónico (Argentina) o cualquier dispositivo magnético para viajar desde un punto al otro de la ciudad en la que vivas, y lo has estado utilizando desde un mínimo de 3 años, para llegar hacia donde estás ahora, en este momento, mientras lees esto.
Si no utilizaste un transporte público para llegar a donde estás ahora, seguro lo hiciste en un automóvil, el que probablemente cuente con un dispositivo de GPS, que se conecta con una red cuya información, se utiliza, principalmente para saber esquivar las calles muy transitadas. Tal vez oíste hablar de esto en las noticias, cuando por la mañana, el especialista en tránsito te relata en vivo, qué es lo que los usuarios de la plataforma le cuentan (por ejemplo, no vayas por Panamericana porque fulanito de tal, me está contando que recién hubo un choque)
Es decir… Prácticamente no tienes forma de ocultarte en este preciso momento, en que estás conectado a la red leyendo este artículo (o por caso con el celular prendido y el 2G, 3G+, el H, o el maravilloso y nuevo 4G+ activado). De algún lado conectado a la red sacaste este archivo para leerlo.
Si alguien tuviese acceso a mi facebook, sabría que en este momento, estoy tomando mate, sentado mirando a la estación Haedo del Ferrocaril Roca, porque tengo la app abierta en el celular y he decidido compartir “voluntariamente” mi ubicación. De hecho, sé en dónde están mis contactos cada vez que hablo con ellos, porque Facebook me lo indica, si es que han sido descuidados o ignorantes como yo y no han surfeado hasta la opción de la app de Android para desactivarla.
Mientras yo alimente con información al sistema, más difícil me será salir de él.
No importa qué tanto cuides tu privacidad, puede que ya no tengas nada que cuidar. Tu vida ya no es tuya.
No somos más que metadatos (datos logrados a partir de datos y procesamiento) en una gigantesca red.
Si en algún momento nuestra existencia, actividades o pensamientos molestan a quienes detentan el poder de turno, el gobierno, o quien quiera que detente esa competencia jurisdiccional otorgada por la ley, sabe exactamente qué hacer para que te calles la boca o ir a buscarte a tu casa con la policía.
Si decidieras dejar este perverso sistema y perderte en medio de algún paraje inhóspito del mundo, a menos que sepas exactamente lo que haces y cómo hacerlo, alguien podrá encontrarte. Al vivir en sociedad, estás ¿Cómo decirlo de forma que lo interprete un jugador de poker?
Estás comprometido con el pozo o “pot commited”.
CITIZENFOUR
Uno cree que luego de haber visto el documental sobre Edward Snowden sabe algo más, pero en realidad, esa historia ya la sabías. Quienes tenemos una vida anterior a la aparición de la tecnología digital y de comunicaciones masivas de datos (vulgarmente llamada «internet») sabemos que hay una vida «fuera» de la computadora, la tablet, o el teléfono celular con android, diseñado para absorber tu ya casi inexistente “tiempo off-line” (salvo que al acostarte apagues tu smartphone, el “modo avión” envía y recibe ciertos datos básicos para el funcionamiento del equipo, y cualquier persona en el mundo con un poco de conocimientos, podría despertarte, así que… Estás conectado hasta cuando duermes).
Recolección:
¿Y qué dirías si te dijera que hay una manera de recolectar todos esos datos que vas dejando a lo largo del día y procesarlos con tal precisión, que un sistema medianamente inteligente puede «predecir» tu futuro?
Qué harás mañana, y el fin de semana que viene, o la nochebuena de 2016. Dónde estarás tal día porque has aceptado una invitación a un evento de Facebook (por nombrar sólo una red virtual de personas interconectadas)
¿Y qué pensarías de mí, si te dijera que eso es tecnológicamente posible, y que en realidad está siendo llevado a cabo desde hace mucho, pero mucho tiempo?
Te explicaré esto brevemente: Todos tus datos están siendo recolectados en este momento. Alguna vez probé con ingresar a la página de la CIA y ver ante mis propios ojos los documentos públicos sobre la economía de los países extranjeros, entre los cuales figuraba el mío propio. Aclaro que este ingreso fue una simple búsqueda a través de un motor, creo que era el de MSN, tampoco es que hice nada raro tipo hackear una red gubernamental de información. Solo tipeé la información necesaria en mi computadora de 360 dólares conectada a Internet mediante cable telefónico y vi una página pública de Internet, nada secreto. Datos que, de alguna forma bastante primaria, habían sido alimentados por mí, y mi trabajo de manejo de datos en esa empresa.
Habría otros miles y miles como yo en las distintas áreas de la economía haciendo lo mismo que yo, y todo ello, convergiría en un solo lugar: La base de datos de la NSA, que en ese momento podía verse públicamente ingresando al sistema de datos de ese país, pero dentro del sistema de la CIA, ya que aún la NSA no era de dominio público.
¿Dirías que ya lo sabías o que estoy loco?
Edward Snowden, Julian Assange, y muchos otros lo saben desde hace algún tiempo porque trabajaron para que ese tipo de sistema sea una realidad. Otros lo saben porque son curiosos. En 2006 el novelista Dan Brown publica un trabajo denominado “La Fortaleza Digital” en el que explica con lujo de detalles el funcionamiento de la NSA y a qué se dedica. De ahí que este autor sea uno de los primeros en decirle al público americano sobre la existencia de esta agencia. Y anteriormente a ello, una película, de nombre Echelon, habla de la existencia de subsuelos repletos de computadoras dedicadas a este trabajo de recolección masiva de datos y del espionaje resultante.
Se lo dijeron al mundo abiertamente:
«Eres solo un puñado de datos y te manipulan con ellos».
«Sin saberlo, estás retroalimentando un sistema que conoce todo de ti».
«¿A quién le confiarías ese poder, es decir el poder de la información?»
Y finalmente, la más importante de las preguntas:
«¿Por qué debemos permitir la recolección pasiva de nuestros datos, por si somos culpables de algo?»
Datos:
En la década del ’90 caí en la cuenta de que la información es «poder». De ahí que sea un tipo que presta tanta atención a este tipo de cosas. Uno de mis primeros trabajos, tenía que ver con la clasificación de la información, para convertirla en algo “tangible y comprensible” para quienes iba destinada: El dueño o dueños de la empresa. Con esos datos, el tipo o tipos –a la sazón de nacionalidad Iraní- sabía exactamente cuánta lana tenía en todos y cada uno de sus depósitos, con solo apretar un botón en alguna computadora equipada con la capacidad de conectarse a la ubicación en donde se alojaba esa información.
Aún sigo haciendo ese trabajo, aunque ya no con lana.
En ese caso en particular, es lógico que un industrial quiera saber cuánta mercadería tiene, y cuánto dinero vale lo que tiene, que terminará en su banco, y una porción muy pequeña en su billetera en forma de billetes de papel.
También es lógico que quiera mover su dinero hacia donde quiera, utilizando sólo los datos del mismo, en lugar del dinero en billetes o mercadería.
Es obvio que en alguna forma, lo que maneja el mundo, el dinero, poco a poco ha dejado de tener sentido como tal, pues, como cualquier aspecto de nuestra vida de hoy día, éste es, prácticamente, mucho más virtual que real.
El “billete” de papel, es una especie de unidad de cambio para llevar encima. Ya no representa ni siquiera un depósito en oro como garantía de pago. Ahora, el respaldo de la emisión de moneda, está dado por cifras. DATOS. Un gobierno puede “emitir” billetes, solo si tiene lo que alguien le exige en concepto de “garantías” para poder llevar a cabo esa acción, es decir, poner más dinero circulante en las calles. DATOS. PODER. INFORMACIÓN.
¿Cómo crees que un gobierno puede emitir moneda, sin autorizar a alguien armado con el rol de “control”, a husmear sus datos privados, es decir los que muestran fehacientemente con qué riquezas se cuenta para “poder” pagar sus deudas como estado?
Ni siquiera el cheque en papel tiene tanto uso en estos días. Todo se hace mediante transferencia bancaria, porque es más fácil.
No haces más que mandar datos desde un lugar hacia otro, utilizando una identificación virtual, que la máquina reconoce en seguida, porque te has identificado tipeando tu password “ultra seguro” de 14 caracteres.
Te imaginas que una máquina con solo una ínfima capacidad de procesamiento (como mi ex procesador Pentium II 360), puede aplicar “fuerza bruta” a casi cualquier servidor, incluso, a ése que dice estar “protegido”, solo si encuentra a qué archivo aplicársela, y eso, estimado lector, tampoco es en extremo difícil. Solo requiere de alguien con un talento particular, y motivado lo suficiente como para querer cagarte la vida. Pero…
¿Sabías?
El “gran recolector de datos”, es quien tiene el poder absoluto. Probablemente un gobierno tenga más acceso a esos datos que una persona particular, por más hacker que éste sea. No es que no lo sabías, pero es algo de lo que no estás conciente todo el tiempo, porque, francamente, a vos te da lo mismo.
Nunca tuviste problemas con este sistema de información. O casi nunca. Y lo más triste, es que cuando los tuviste, tuviste que seguir adelante con tu vida y no tuviste tiempo de quejarte como es debido. Lo masticaste, lo olvidaste, y lo archivaste.
¡Apuesto a que ni siquiera lo recordabas si yo no te lo mencionaba en este momento!
¿Recuerdas la primera vez que perdiste un password importante, y por ende todo lo que había allí dentro, es decir parte de TU VIDA DIGITAL?
Todos nos acordamos de un día así, porque puede que ese día fue el día en que crecimos. Crecimos con la convicción de que para ser “buenos ciudadanos informáticos” debíamos respetar la ley y, como nos olvidamos de lo que nos acredita como propietario de los datos alojados en ese sistema, es decir, el password, accedimos involuntariamente a la pérdida de parte de nuestra información, es decir, de esa pequeña parte del “yo” digital que quedó alojado en ese servidor sin darte siqueira derecho al pataleo.
Y la ley nos decía también cómo quejarnos. Y la misma ley, perversa si se quiere, también nos decía que sólo podemos quejarnos de la forma en que la ley establece. El postulado indicaría que “te puedes quejar hasta cierto punto”. Si te olvidaste el password, perdiste. Perdiste tú, pues esa información quedó en algún lado. La información nunca se borra por completo. Se almacena eternamente.
Eres los datos que tu gobierno sí o sí tiene de ti.
Tú, yo, tu hijo, tu madre, tus amigos, tus compañeros de trabajo, todos somos “datos”, no personas, o más bien, somos la única forma en la que el gobierno sabe de nuestra existencia (y la única forma en la que le interesa tu existencia o la mía). Cada vez que gastan dinero, tu dinero, mi dinero de los impuestos, lo hacen justificados con ¿A qué no sabés qué?
Si…. El gobierno sabe de tu existencia (y lo que representas para él en concepto de capital, por las pocas riquezas medibles que posees) a través pura y exclusivamente de TUS DATOS.
ERES TUS DATOS
A ver… ¿Repitan conmigo! Soy un dato. Tú eres un dato. Él es un dato. Nosotros somos un dato. Ellos… son un procesador de datos.
Todo en la vida… todo es… DATOS. Imagínate el poder que tendrías si tuvieras los datos de un país a tu disposición, y supieras COMO UTILIZARLOS.
LA TEORÍA DE LOS JUEGOS DE VON NEUMANN Y SU RELACIÓN DIRECTA CON LA RECOLECCIÓN PASIVA DE DATOS
¡Título Largo! ¿Verdad?
Aquí entra en juego la verdadera razón por la que Von Neumann Comenzó a trabajar en la “Teoría de los Juegos” en la década del ’40 (si mal no recuerdo se publicó en el año 1944 bajo el nombre “Teoría de los juegos y el comportamiento económico”, el mismo año en que finalizaba la Segunda Guerra Mundial)
Cuenta la historia en forma de leyenda, que allá por los años 44 había terminado el enfrentamiento bélico más grande que el mundo había visto hasta entonces. La Guerra finalizó gracias a los cañones, los fusiles y las ametralladoras. Pero triunfó porque un grupo de personas capaces de interpretar datos, logró saber exactamente en donde ponerlos para que el daño causado al enemigo, sea más efectivo y logre acabarlo por completo.
El ejército de los Estados Unidos había creado un clon de la máquina alemana para encriptar mensajes. De esta forma, las comunicaciones desencriptadas del enemigo habían comenzado a llover sobre los escritorios de los analistas. La información tenía que ser procesada. Luego del procesamiento, habría que saber qué hacer con ella.
En ese contexto, nace la Teoría de los Juegos del matemático (y a la sazón también experto en informática, Von Neumann, como respuesta al creciente temor de quienes debían interpretar todos estos mensajes en forma correcta para arriesgar la menor cantidad de vidas en pos del objetivo final: Ganar la contienda que ya llevaba varios años, y estaba agotando la capacidad de los EEUU para regenerarse económicamente.
En algún punto, habría tanta información, que no se sabría que hacer con ella.
¿O creías que la Teoría de los Juegos es sólo para jugar a los “jueguitos” como un autómata pelotudo en tu sillón de brocado color verde y dorado? Sí. Las dos principales aplicaciones de esta teoría, son económica (como su nombre real lo indica) militar y… política, y como pronto descubrirás luego, los juegos en línea, como el poker aunque en una escala mucho menor.
¿Te extrañaría, entonces, la gran revelación, que te daré como premio por haber hecho click en este archivo?
DATOS.
No hay nada más importante que los DATOS. Lo repetiré hasta el día en que me muera (pues también el día de mi muerte será un dato por lo que mi enunciado es erróneo… aún después de muerto, seguiré generando datos. ¿Loco no?
Me preguntarás entonces, cómo es que todo esto tiene que ver con el poker, porque si no, probablemente nunca estarías leyendo toda esta caterva de información que –obviamente ya sabías- pero decidiste que no te molesta o que puedes vivir pacíficamente con ello, como también tu vecino, tu primo y tu abuela, que aceptan las condiciones del uso de la tecnología como corderos. Y te comprenderé, porque, en algún punto, aún siendo plenamente conciente esto, sigo alimentando a la gran base de datos y no puedo evitarlo.
Básicamente, a mí tampoco me importa mucho que me espíen. Solo me jode un poco.
Significa que quien tenga el dato, la capacidad de procesarlo, y convertirlo en información comprensible y útil, tendrá las “Llaves del Reino”.
En este momento, si estás leyendo esto, alguien sabe que has sido “contaminado” con información que no deberías estar leyendo, sólo por el hecho de haber hecho “click” en un archivo desencriptado (si lo podés leer vos lo puede leer cualquiera) con las palabras NSA, EEUU, Estados Unidos, Norteamérica, Terrorismo, Patriotic Act, 1954, Von Neumann, critptografía, datos, y demás palabras que en este punto, declaro haber escrito totalmente a propósito. Puede que no le importe a nadie. Pero también puede que sí, y entre nosotros, es solo un chiste de mal gusto que apunta a que te asustes un poco, y creas en lo que te estoy contando, solo porque en este punto del relato, puede que sientas MIEDO.
ESTÁS CONTAMINADO
Probablemente, si hubieras dejado de leerlo en los dos primeros párrafos, el sistema sabría que no te interesó ni lo suficiente como para abrirlo y darle una oportunidad.
Finalmente lo tiraste al cajón de idioteces que no te interesaron, y eso hubiese sido tal vez lo mejor que podría haberte pasado. Pero no… De alguna forma, si llegaste hasta aquí, me demuestras un espíritu inquieto. Te gusta saber. Eres un tipo peligroso. Y para colmo de males…
Juegas Poker Online.
Así que, de alguna forma alguien lo sabe. Tal vez, incluso, no sea “alguien” en el sentido lato de la palabra, es decir, un alguien de carne y hueso.
Tal vez solo sea un programa. Un bot. Un montón de datos, que juntos y actuando en perfecta sincronía, diseñados para reaccionar ante ciertos patrones de datos han dado a parar con tu nombre y apellido, y el mío.
¿Te parece extraño, no? No, no debería parecerte extraño que un programa ejecute ciertas acciones para las que está programado.
Seguramente el mundo no es un lugar tan perverso como para que alguien se haya molestado en escribir un programa que recoja y procese todos tus datos, y los de tus amigos, vecinos, parientes, compañeros de trabajo para después darles un uso pecuniario en propio beneficio.
Tal vez puedas estar tranquilo en este momento jugando Poker en línea, y lo estés haciendo con Software de Apoyo, el que, a la sazón es una de las pocas formas de ganar dinero jugando on line, pero… ¿Y si alguien te dijera que puedes juntar los datos de lo que sucedió en una partida de poker en línea mientras estás en 20 mesas a la vez?
-Este tipo no descubrió nada nuevo- podrías pensar, para eso utilizo software de apoyo, para poder estar en 20 mesas a la vez, y así y todo, ganar dinero.
Bien, a eso iba con toda esta perorata enardecida del procesamiento de datos. Pero a tí no se aplica porque eres “inteligente” y te lo cuestionas todo.
Tú no das. Recibes. Eres el que guarda la información de los demás, para usarla en el momento adecuado en el que necesites saber cómo reaccionará el tipo que tienes enfrente, por los “datos” que tienes por haberte cruzado con él en varias mesas, sin siquiera recordarlo de memoria. Lo recuerda tu computadora, o mejor dicho, tu programa, que es el único que puede “interpretar” esa información, y traducírtela en datos que comprendas y puedas leer en menos de un segundo en la pantalla de tu computadora.
Tu programa de recolección de datos lo hizo por vos y solo te mostró sus “stats” o “estadísticas”.
Sabes que, bajo ciertas circunstancias, ese rival “foldeará”, “hará check”, “check-raise”, o “tri-beteará all in” –o lo que es más probable, sabes también que “hay un 74% de probabilidades” de que este tipo foldee su mano, debido a que las últimas 159 manos en las que tu programa de recolección de datos lo “vio” jugar, el tipo hizo exactamente un promedio de 74% de folds en ese “spot” o “punto” o “momento” particular del juego, es decir, con cierto stack por detrás, en esa posición, ante tales o cuales jugadores en la mesa, teniendo en cuenta sus posiciones y estilos de juego, etc., e incluso sabrá con certeza con qué cartas pudiera raisearte, ya que en el % restante que no foldeó sus cartas, aunque un poco bajo como para obtener una dato verdaderamente fehaciente hay un % de veces en que ese tipo llegó al showdown, con un determinado juego en mano, lo que permitiría que “tengas una aproximación educada de su rango actual”.
Si eres un jugador medianamente competente en poker online, sabes casi con exactitud qué mano tiene tu oponente, porque sabes INTERPRETAR los datos obtenidos y procesados exclusivamente para tí.
Claro que tu software de apoyo no sabe de la teoría de los Cables Sueltos de Mike Caro, que reza que “Si las elecciones no están claramente conectadas a sus beneficios, la gente usualmente interactúa en formas que dan un resultado impredecible. Si las elecciones están claramente conectadas a sus beneficios, la gente a veces actuará en formas que den un resultado impredecible.”
O tal vez incluso, es tan inteligente que la tome en cuenta y te de una especie de número de “fiabilidad” de la información que se te muestra.
De esta forma, se puede hacer una suposición bastante “educada” en cuanto a qué hará este rival cuando le toque actuar. Hasta cierto punto podremos “predecir” su jugada. Digamos que, hasta este punto, sigue siendo seguro utilizar estos datos porque lo haces en beneficio propio.
Ello va, incluso, de acuerdo con la vieja filosofía del poker en la que se indica que “no está mal sacarle el dinero a un incauto, que se joda por ser el idiota de la mesa”.
De esta forma, y lo sabes mejor que yo que nunca quise utilizar software de apoyo para jugar poker, es que puedes apostar un poco más seguro, porque tienes “datos” de jugadores.
En principio, esos datos que recolectas a diario, mientras ganas unos dólares por tu trabajo, quedan sólo en un archivo a tu nombre en tu computadora, porque, imagina que de algún lado los va a leer el sistema para procesarlos y darte el resultado “plausible” a tí que eres el Authorized User, o, en su defecto, para que esté más seguro, en una “nube” informática, en algún servidor perdido en Estados Unidos o en Bangladesh.
¿Crees que esto realmente importa en este momento de nuestra exposición?
Sea donde sea que guardes esa información, que debería serte útil solo a tí, porque eres quien está pagando el software… Estará siempre a disposición de alguien que si quisiera, podría obtenerla, luego, pensando en una mente avanzada que tal vez no exista, pueda clasificarla, y juntarla con otra información obtenida de parte de otros usuarios que, como tú han comprado el software, y así alimentar una base de datos de jugadores de poker de todo el mundo, con los respectivos nombres de usuario, más algún dato que, encriptado y oculto en alguna subrutina malintencionada te puedan sacar, como ser tu número de tarjeta de crédito (si es que utilizas esta información para jugar poker) u otra información que sugiere venir de alguna fuente: Tu trabajo te permite el lujo de jugar poker en línea. No eres un tipo peligroso, inclusive si haces algo de dinero con ello.
Para este villano en particular (para un jugador de poker “todo el mundo” es el villano) Todo sería tan fácil, como ofrecerte algo que necesites por un precio módico. Algo con lo que ambos puedan vivir, él con el hecho de saber que te cobró 65 U$S (hoy sale 59) o 199 la versión para todos los niveles de apuestas, y tú, con la convicción de que lo necesitas para ser un profesional del poker online.
A modo de dato informativo, solo te diré que cuando realizaste la compra del software PokerTracker, tuviste que introducir tu información de tarjeta de crédito, o cuenta de Neteller, cualquiera que sea la forma de dinero digital que utilices, y ello, queda almacenado en el servidor de https://www.pokertracker.com/products/checkout/CC/ los datos de tu pago, no salen inmediatamente hacia la base de datos de Visa, Neteller, etc. Primero se copian a sí mismos para ahorrar tiempo. Cada dato que introduces, se “cruza” con una lista de probables números que puedan ingresar en ese cuadro. De esta forma, el servidor debe almacenar los datos a medida que los vas tipeando en el cuadro, para permitirte seguir al paso siguiente.
Si lo quieres comprobar, ve a la dirección de Internet que te he indicado arriba, e intenta comprar el soft utilizando un número que pueda no ser de una tarjeta de crédito, y verás que no puedes continuar con la compra, hasta que el casillero se “tilda”, marcando que esa información es “viable” para realizar la misma.
Tal vez, el pobre diseñador de pokertracker no sepa que para pagar su software, los usuarios utilizan una plataforma de pago que no tiene nada que ver con él. O tal vez los datos se eliminan una vez que el pago ha sido completado, nunca lo sabremos con seguridad, bueno, tal vez no tú, pero yo sí.
Luego se envían al lugar de destino encriptadas, para evitar que algún pirata lo hackee en el camino. Esta información se chequea contra la base de datos de la empresa utilizada como medio de pago (Visa, Neteller etc.) y vuelve con un código que se admite como autorización.
Esto se utiliza exclusivamente para cuestiones operativas internas del sistema, pero si el tipo que maneja esos datos fuese malintencionado, tendría acceso a tus datos de pago siempre, y podría hacer con ellos lo que quisiese y si lo quisiese.
Algún día te contaré cómo es que PokerStars, la empresa de poker online más grande del mundo, guarda tus datos de tarjeta de crédito en su sistema, y cómo fui a dar con esa información también “de casualidad”.
Por ahora, sólo nos enfocaremos en el hecho de que como ya sabías, tus datos son extremadamente vulnerables contra terceros malintencionados, equipados con tecnología (y ganas de robarte lo que se les antoje que pueda servirles).
No es tan fácil, pero tampoco creas que es tan difícil.
No te extrañe, si el programa que construyó con tanto esfuerzo y dedicación, y vende por unos míseros cincuenta y nueve dólares (o ciento noventa y nueve la versión para high stakes) contiene, además, alguna forma de que esos datos que tú, el cliente, almacena en su computadora, puedan ser enviados a algún lugar en particular, dentro de la nube, o fuera de ella, y ello sin requerir tu permiso, porque ya se lo diste al instalar SU programa en TU computadora.
Nunca sabrás de esta maniobra, porque no tienes forma de saberlo, y probablemente, mientras te siga siendo rentable almacenar datos sobre tus oponentes, lo seguirás haciendo, construyendo así un círculo vicioso de retroalimentación interminable, en el que, aunque dejes de utilizar el soft (porque, por ejemplo, no lo quieras seguir pagando) mientras sigas jugando, seguirá recolectando datos sobe tí, porque por más que hayas desinstalado el soft, ya has metido algún tipo de código que le permita acceder a esta máquina, sin restricciones y cuando se le ocurra, inclusive, con el programa desinstalado por completo.
¿Y para qué tantos datos? De alguna forma me hago esa pregunta aunque ya conozco de memoria la respuesta. Los datos sugieren patrones, y los seres humanos tenemos ciertos patrones que nos definen. Si se puede procesar con la suficiente velocidad una gran cantidad de patrones en forma de datos, el comportamiento del ser humano es extremadamente predecible.
Si para determinado momento, en determinada circunstancia, de acuerdo a los datos de que se dispone, se pudiera ejecutar cierta operación matemática que efectúe la opción siempre correcta (pensemos por un momento en la “Teoría de los Juegos” de Von Neumann) seríamos invencibles, aunque lo seríamos sólo si tuviéramos un Bankroll adecuado a tales circunstancias, como ser el gobierno de los EEUU, o el creador de PokerTracker por otro, o quien sea que disfrute de los beneficios económicos que produce la mega importante empresa de poker online PokerStars, dicho esto en 3 ámbitos sumamente distintos en cuanto al tamaño de las muestras.
Tampoco es cuestión de hacer magia o “dinero de la nada”, como siempre digo.
Aún así, siempre es bueno saber que, pese a todo, aún quedan esas cositas “fuera” del gran y perverso sistema que todo lo sabe. Las cosas “analógicas” –al menos aquellas que no han sido preparadas para conectarse con el mundo digital- siempre estarán alejadas de este tipo de cuestiones, porque una vez que la compras, ya no se retroalimentan de información, como un programa o una computadora o un celular.
Se quedan como están hasta que no sirven más, y se tiran.
Un sillón es un sillón. Un mazo de cartas, es sólo eso. Lo mismo que una mesa de poker, y muchas fichas con centro de metal. Lo mismo pasa con tus oponentes. Puede que éstos duren para siempre, si es que se le da un mínimo cuidado (me refiero al “para siempre” de la vida humana, es decir 100 años, por ejemplo) y no al “para siempre” de los programas de computadora, los que ¿Sabías?
¡Nunca mueren! Siempre recolectan datos y los envían al exterior de alguna forma. Habrá veces en que ni siquiera tu antivirus los detectará porque, al darle autorización a acceder a tus datos, el programa puede reconfigurarse y perderse en la maraña de programas de Windows, Android, o cualquier plataforma que quieras usar para el ejemplo (te aclaro, TODAS sirven, unas más que otras).
La única forma de ponerte a salvo, sería cortar tus comunicaciones digitales, o cuidar mucho lo que sale de tu computadora, tablet, o “smartphone”, lo que, como ya debés intuir…
¡No tienes ni la más pálida idea de lo que hace tu propio smartphone con los datos con que lo alimentas. Este aparatito tan útil y necesario para la vida moderna, además de darte la hora, dejarte charlar por Facebook, hablar por Whatsapp, o recibir una -ya muy rara- llamada telefónica que… REALMENTE SEA IMPORTANTE PARA TI Y NO PARA EL QUE TE LLAMA.
Definitivamente tampoco tienes idea de lo que sucede dentro de tu computadora, (seamos francos, yo tampoco, pero lo intuyo y tengo algunos datos precisos de lo que sí sucede dentro de la mía porque soy un poquito paranoico) y mucho menos dentro del software que instalaste voluntariamente y al que le diste los permisos requeridos para que recolecte la información de tus rivales SOLAMENTE.
Tal vez sea por todo esto que, no vea al poker on line como poker en sí, sino más bien como a un juego mucho más allá, que apenas está basado en el poker y en sus reglas.
Aunque, muchos no se den cuenta de ello por el simple hecho de ver un .gif en forma de naipe en la pantalla, u otro en forma de fichas que caen violentamente sobre un paño verde, con un ruido que, parece, bastante real (pero suena muy repetitivo y perfecto como para serlo) sobre un paño verde que tampoco es un paño sino un cuadrado pintado de verde para darte la idea de que lo puedes tocar, si quisieras.
Lo creas o no, la única forma de escapar del dominio que los datos ejercen sobre nosotros, es decir, nuestra existencia digital, es jugar en “vivo”, o también (y esto está aún abierto a discusión), jugar en FreeRolls, que el software de apoyo ni se preocupa en analizar. Y también el haber nacido apenas un par de años antes de que todo esto del espionaje de tus datos impunemente llevado a cabo a través de la red hubiera nacido… Pero, volviendo a lo que nos compete, en una mesa de poker real, nunca tendrás todos estos problemas.
Tendrás otros muy distintos (te lo aseguro), pero los podrás “ver a la cara” –al menos-
Hoy día, dejamos registros de nuestra existencia en una computadora o una tablet… o en un smartphone, para desde allí poder gobernar tu vida, decirle quién eres al mundo, y por supuesto…
Permitir que tu vida sea gobernada por los datos que estos aparatos manejan muy bien, con, o sin tu consentimiento voluntario, y lo hacen incluso, mejor que tú mismo.
BcgCyberdyne (nacido en línea en 1983, documentado por primera vez en 1991)